
Sobre Alonso Alonso y las vías de la motricidad. (Juan Calzadilla)
...La pintura no puede encontrar mejor camino que allí donde el plano fijo e inmóvil es penetrado y profundizado con el fin de ampliar el campo de percepción, dinamizándolo y dotándolo de un efecto de movimiento real parecido al de la vida. Alonso Alonso persigue romper lo virtual en un espacialismo donde la gestualización constituye un componente sígnico de gran motricidad que evoluciona en forma de trazado continuo y que sentimos como la laberíntica circunvolución que conduce al ser.
Lo virtual como expresión de la incapacidad de la pintura para asumir las tres dimensiones no siempre implica que el pintor deba limitarse a sugerir ilusoriamente la profundidad física. De allí que Alonso abra boquetes en algunas telas para crearle un falso espacio al color, como procurándole una caja de resonancia en donde lo que está antes, avanza a un segundo plano ciego, entre nosotros, con propósito diferente, en la obra de M. Berman y de M. Jonic.
En mi opinión, la pintura más limpiamente resuelta de Alonso Alonso -la menos barroca, aquella que lo vincula de cierta manera al grupo El Paso, de Madrid-, no requiere de tal subterfugio. Ella interactúa por sí sola con el espacio plano en composiciones armoniosas en donde el color expansivo y denso a la manera de Rhoko, dialoga, antes que pugna, con una graficidad suspensa que está allí, como decía Shelley, por la razón de que "todo lo que se agitó debe tener un sueño". La animación en esta pintura es, por eso, de la misma índole de esa condición implícita en la materia que consiste en la necesidad de reposo y de inmovilidad, pues del mismo modo todo lo que se agita se aquietará. Y es en este saludable principio antinómico donde uno siente y experimenta la tragedia encarnada por la pintura que todavía tiene algo que decir.

La pintura de Alonso Alonso en su equilibrio actual, vista por Carlos Arean, Director del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid.
...En el caso de Alonso Alonso esa calidad resplandece en su factura suelta y sin insistencia, en su manera especialísima de obtener por esgrafiado el contorno o el rayado interior de algunas de sus figuras, en sus superposiciones cromáticas agilísimas; en su composición rítmica y en su sistema ultracivilizado de abordar los colores más fluyentes y ricos.
En mi opinión, la pintura más limpiamente resuelta de Alonso Alonso -la menos barroca, aquella que lo vincula de cierta manera al grupo El Paso, de Madrid-, no requiere de tal subterfugio. Ella interactúa por sí sola con el espacio plano en composiciones armoniosas en donde el color expansivo y denso a la manera de Rhoko, dialoga, antes que pugna, con una graficidad suspensa que está allí, como decía Shelley, por la razón de que "todo lo que se agitó debe tener un sueño". La animación en esta pintura es, por eso, de la misma índole de esa condición implícita en la materia que consiste en la necesidad de reposo y de inmovilidad, pues del mismo modo todo lo que se agita se aquietará. Y es en este saludable principio antinómico donde uno siente y experimenta la tragedia encarnada por la pintura que todavía tiene algo que decir.